miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿DEBEMOS CONTAR TODO A NUESTRA PAREJA?


La comunicación es la base para mantener una buena relación de pareja así como la confianza y el compartir experiencias, deseos, pensamientos… A pesar de ello, a veces nos encontramos con situaciones en las que nos debatimos en la indecisión de compartir algo con nuestra pareja o callárnoslo. ¿Es mejor contarlo todo aunque corramos el riesgo de herir a nuestra pareja? O por el contrario, ¿es mejor ocultar ciertas cosas aunque con ello sintamos que faltamos a la sinceridad?
Planteadas estas cuestiones, la duda es inevitable y la posibilidad de equivocarnos demasiado alta. Sin embargo, si pudiéramos decidir qué hacer con madurez y objetividad la decisión sería muy clara, siempre teniendo en cuenta la personalidad de nuestra pareja.
Como decíamos, la comunicación dentro de la pareja es básica e imprescindible, además, esta comunicación ha de ser transparente y sincera pues si dentro de la pareja se ocultan y evitan problemas, discusiones o sentimientos, la relación antes o después se verá resentida 
Aunque la sinceridad no siempre evita el conflicto ni facilita la comunicación y ahí, es donde  debemos hacer uso de la madurez y objetividad para decidir si es mejor contarlo o no. Y es que el exceso de sinceridad puede ser contraproducente y, en esos momentos, el silencio se convierte en el mejor recurso a usar dentro de la comunicación.
Muchas son las situaciones en las que podemos encontrarnos con la duda de contar algo o no y los ejemplos son innumerables. Por ello, quisiera partir como ejemplo de algo muy básico que suele pasar desapercibido, y es que cuando nos enfadamos con nuestra pareja suele poseernos ese arranque de sinceridad apoyado en sus defectos o  esos aspectos que nos molestan. Si cogiéramos aire y nos acordáramos de ser maduros y objetivos, nos daríamos cuenta de cuánto daño podemos hacer y qué ineficaz es decirle a nuestra pareja lo aparente que es frente a los demás y lo calzonazos que es en realidad; o lo vago e inútil que es, o que te gustaría que fuera tan apasionado como tu ex…, por poner algunos ejemplos. Tal vez ese arranque de enfado te sirva para desahogarte o para sentir que tienes motivos para enfadarte pero, realmente, lo único que se consigue es extender el enfado y abrir heridas que luego habrá que curar.
Por ello, valora si es necesario ser sincero, no siempre es la mejor opción. Y  es que como dice Ernest Hemingway “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”.
Mª Isabel Naranjo Castro
Psicóloga Agencia Matrimonial Cyclo

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